A reflection on the pandemic and burns in Peru
Desde el 15 de marzo, inició la cuarentena en Perú, observamos la atención del país hacia el sistema de salud y sus acciones enfocadas hacia el tratamiento y contención del COVID 19; vimos la priorización del III nivel de atención de salud, es decir, de los hospitales de alta complejidad, mientras a nivel del personal de salud, se indicó de manera preventiva la permanencia en su casa de los mayores de 60 años o de quienes tuvieran alguna morbilidad. En resumen: atención a una sola patología con menor cantidad de recursos humanos, sin embargo, este no es el objetivo de este artículo analizar la eficacia de la estrategia sanitaria asumida, sino ver las quemaduras en este contexto.
Cada vez más empresas entienden que la sostenibilidad no se mide únicamente por las toneladas recicladas o los indicadores ambientales alcanzados. Hoy el desafío es mayor: generar un impacto real, medible y humano.
En el panorama empresarial actual, la sostenibilidad ya no es una opción, sino un imperativo. Sin embargo, persiste una pregunta en las mesas directivas: ¿Cómo conectar nuestras metas ambientales con un propósito social que realmente genere un impacto real y tangible?
El uso de juegos pirotécnicos durante las celebraciones de Navidad, Año Nuevo y Fiestas Patrias constituye una práctica cultural extendida en el Perú. Sin embargo, esta tradición conlleva riesgos significativos para la salud pública, especialmente para niños, niñas y adolescentes, quienes representan uno de los grupos más vulnerables frente a lesiones por quemaduras, mutilaciones y secuelas físicas y psicológicas permanentes.
Aniquem, en coordinación con el Hospital Regional de Lambayeque, llevó a cabo una importante campaña quirúrgica reconstructiva, beneficiando a 18 pacientes con secuelas graves de quemaduras. Durante cuatro días consecutivos, se operó a un promedio de 4 pacientes por día, priorizando los casos más complejos y funcionalmente limitantes.